Son la 01:07 am y hace frío, tenue salpicar de las gotas en la calle, alla abajo hace una armonía de sonidos inimitable que me recuerda otro día, me hacía pensar en aquella chica de ojos almendrados y pensaba, viendo una película de Iñarratu, en besar su piel, en acariciar sus senos, pero a la distancia los deseos del hombre son solo eso, deseos, y quizas tambien un poco más, motivo y circunstancia, o en sí, el motivo que nos lleva a salir de la actual circunstancia o situación, como este piso 11. Desde acá veo en panorama, el cielo entero de Naguanagua, un pedazo de ciudad que gime, bajo el goteo, bajo la tempestad del trueno, destellos que ni suenan, pero se azoman al reojo mientras no miro a la ventana, eso, o quizas alguien anda disparando un flash en la calle y ni me doy cuenta.
La lluvia, me pone a pensar en otras gentes, porque si te tomas el tiempo, veras que la lluvia es apenas brevemente distinta, aqui y allá, cierto es que de miles de millones de cientos de gotas caen, y es eso, agua condensada y transparente que cae, millones de prismas buscando un rallo de luz y algunos jovenes corren para no mojarse, otros salen corriendo al encuentro de los mojados, les tienden el paraguas, se mojan, como la cortina que tambien se moja, cuando la ventana está abierta y aun así, tachonada de mil ojillos traslucidos que se toman un descanso en el descenso desde las alturas.
No teníamos mas remedio que cerrar todo, ajenarnos de aquel vendaval, sin ruido, yo no le temía al agua que no rugía, pero tambien entrecerre la ventan, dejando apenas un vestigio de aquel espacio, para que entrara la brisa, siempre con la esperanza de que me trajera otro recuerdo de aquella chica.