12/12/11

Otro Pueblo.

Permitame, libre de cualquier culpa, empezar recitando, esta prosa que se me hace muy verbosa al vacilar entre las palabras a escoger, pensando en emociones que aun no se despegan del blanco dibujado en el espacio que queda entre la quijada y el bigote, con alegría se desprenden de mi profundo sentimiento palabras de cariño fraternal para aquel hermano casi interprete de una parodia del hijo pródigo, que se nos perdió y una vez mas, fascinado yo en la incongruencia de la espontaneidad que me exige a gritos tomar el camino de la aventura, eso lo heredé de mi padre o eso dice él...

Ya se escucha el pitido redondeado metalico silvante de la moneda que me indica que esta el aparatico de mano apunto de interrumpir el desenvolvimiento de mi ya por un buen tiempo escondida inspiración. Ageno me encuentro entonces, a las ganas de laborar, aunque con la energía para terminar ese par de proyectos y cerrar el mes, si quiero, o continuar un poco despues, quizas, entre mis planes se encuentran esos deseos de atacar la cancha, el sendero y el mar, pisar el pedal afondo y perderme al norte o al este a ver si vuelvo a aquel pueblo que pronto ya se ha ganado un pedazo bueno de mi afecto. De ese, es preciso y dejando de lado el fuego deportivo que vuelve a encenderse en mí, de ese preciso pueblo les iba a hablar, y como el fresco de sus mañana neblinosas e inundadas del olor meloso del fruto de los panales, miel deliciosa, entre otras cosas, que con buena mano me reavivaron el espiritu por meses dormido.

A la dama soledad, ni le pude encontrar, en ese paraje de carreteras vertiginosas donde uno ni sentía el hecho de estar despertandose temprano, el sol no picaba ni por un mero atisbo de casualidad, aunque si lo habia, pero el bueno suficiente para cojer color y ver mejor, si se quiere. Este, como muchos pueblos agricultores es de esos sitios que de despiertan de inmediato y cual cachetazo de bagre, aquel sentimiento de vivir en una comunidad donde el grueso de los inviduos con que te topas en un minuto te conocen y a las pocas horas ya te hacen sentir en familia, el calor de los cuerpos libres de las tierras fértiles es sin duda uno de esos que uno no olvida, desde el proceso del apreton de manos hasta la ingesta alcohólica artesanal (infaltable, añado) es un cúmulo de tradiciones ancestrales que uno ya perdió la cuenta de donde pudo venir, tan solo se siguen, para no perder la costumbre, en constante batalla con los modernismos de la gente de hoy, como yo, y el vivo ejemplo del choque de culturas y pasiones encontradas lo encuentras en Miranda en la cara mal afeitada y de sonora carcajada sarcastica de mi amigo Lommatszch, con su impronunciable apellido que uno viene a agradecer que le pusieran Andrés, alevio de no desperdiciar medio litro de saliba con cada vez que uno le atiende al telefono.

Miranda tiene esa cantidad incalculable de sorpresa recurrente -porque uno se las encuentra mil veces y le sigue sorprendiendo la cosa- con la que a uno le gusta toparse para perderse definitivamente, no es quizas, el mejor espacio para querer excederse filosofando, creo, sin querer hidratarle la fiesta a nadie, que es un lugar donde bien se recibe tanto al letrado como al no sapiente, indiferentemente el trato va igualado, y cerveza en mano se van perdiendo los profundos pensamientos, y a uno no le queda otra, se encuentra, puesto entre la espada y la pared, a decantarse por el placer del cuerpo y deja que la fiesta continue, y se pierda uno en ella, alejandose de cualquier tormento del aburrido dia a dia.

10/15/11

La Costa de Oro


Era de dia,
casi noche.
Bajando por el cerro
venía la tropa,
todos pelados, jovenes,
vivos como la flor en primavera,
y a mi me traía enamorado vera
con su fabula y poesía,
corrigiendo siempre a la amiga,
aunque no de veras.

Llegados ya
montamos la improvisada posada,
con fogón y hasta antesala,
la playa nos llamaba,
nos invitaba a conocerla,
pero la luna
nos jugaba la de los jornaleros,
que no le quieren ver la cara
y se van a la cama.

Con promesa del sol naciente de madrugada,
nos fuimos con la almohada,
¡Mentira!
ninguno aguantó el cansancio
si no hasta la mañana
cuando ya frescos
fue que pudimos disfrutar de aquella playa,
la costa virtuosa de Cuyagua,
una tierra de sol ardiente y calmado,
donde los quemados dominan las olas
y los greñudos al descampado
se pierden en sus halos.
Costas de Oro de un mundo alejado.

Mia Cuyagua,
quien no pueda sentirse tuyo
no te vió ni vivió con ganas,
Cuyagua,
recien conocida,
sereno espero la vuelta
para conocer todas tus fronteras,
tu sabor a canela,
enamorado perdido en tu arena.


Volvere a tí...

9/3/11

Blues, un Viaje en Bus


El recorrido en bus se nos convierte inconsciente
en algo distinto de lo que esperamos:
Quizas no lo sepas,
pero el autobus, es un tiempo,
el tiempo nuestro,
el que se nos regaló entre esta y la próxima parada,
en la cola que te promete llegar retrasada.
El bus por si mismo es un espacio,
es un cuarto donde podemos sentamos acomodados,
leyendo, mirando, escuchando, sonriendo,
y nos dirigimos miradas sonrojadas en el pasillo
tratando yo de no sentirme cohibido,
hasta que se nos acabe el viaje.

Yo iva pintando al mundo
guardando sus halos en mis fotografías
y tú tan sumida en tus manías,
de escuchar música sonando,
llenando, alborotando, opacando el vacío
y así no nos sentimos perdidos,
como un par de botones encontrados,
amarrados, cocidos, atados,
prendados al abrigo de los dos,
sin brisa, esperando la parada.

La moneda, el sencillo, el bolsillo,
su palma agarrando la del niño.
El colector, la escalera, la puerta,
la mujer con las sombrilla abierta.
La silla, el pasillo, los niños,
el son de Maelo llenando el vacío.

Y nosotros sumidos en el viaje,
sin tiempo y sin espacio.
Nuestro viaje en bus,
hasta que el viaje se acabe.

Veo tus manos en la baranda
quiero tomarlas entre las mias,
decirte algo al oido,
que te haga querer irte conmigo.

Contigo el viaje no es viaje porque no hay tiempo
y el pasillo se nos pierde pues no hay espacio,
el espacio se hace largo entre los dos,
en este viaje en bus tan lleno de color que ya acaba.
Y el mundo del bus se pierde en tu te quiero.

7/31/11

El pueblo.

Yo me la paso diciendo que me gusta el pueblo, no la gente, que quiero morir aqui de viejo. Que seré el viejito cascarrabias fastidioso, etc etc. Creo que es mucho ruido y pocas nueces, aun no estoy listo para nada de ese "destino".

Describir Calabozo es dificil, mas en estos dias. Supongo que aun sirve el viejo calificativo de "el pueblo que quiere ser ciudad", aunque faltaría decir que no tiene la madurez para ello, quizas a mi tambien me falte un poco de ese santo remedio. Sin embargo sigo atado a acá, incluso me duele los "no te pierdas" o "ahora tu eres un citadino y uno es el campesino"... claro, duelen porque es verdad. Uno termina alejandose tanto de esta realidad que te sientes parte de ese sueño que es volar lejos del nido, aunque dicen que la manzana nunca cae muy lejos del arbol y creo que puede ser cierto, si es que uno es una manzana, claro esta.

Sentado en la hamaca, reflexionando, perdido entre papeles esotericos y sabores de naciones perdidas o alejadas, a millones de kilometros, a mi gusto, por excelencia. Ahi uno es sincero con uno mismo y no puede negarse el goce de sentir el sol abrazando la piel, aunque uno necesite de lugares mas deprimentes para sentir que la alegria propia abunda, pero ¿en comparación a qué? ¿Adonde va todo ese conocimiento que pisa esta tierra y no la cambia? ¿Porque me siento como pez en el estanque, pero sigo sintiendo que lo mio es el agua salada?

Cabe en mí, hacer todas estas preguntas, hacermelas a mi mismo claro, sabiendo que el conocimiento esta dentro de mí y que solo me siento muy holgazan para responder. Esperando que en una de esas noches de selecto, tabaco y cartas de Diana me sienta suficientemente filosófico para entenderme, o que con unas cuantas lagrimas que no escapan de sus cunas gemelas, al final de una película romántica, sienta que aun se amar, pero que me gusta querer de lejos, porque lo que esta al alcance de mi mano siempre es aburrido por la certeza de saber que ya lo tengo. Quizas mi papá tiene razón, me aburro muy pronto de todo. Pero algo tengo por cierto, aun no me aburro de este trozo de tierra que llamamos el pueblo.

6/8/11

Junio en el Piso 11

La lluvias en Valencia, sobretodo las nocturnas, tienen un encanto mágico, al menos la mayoría de las veces cuando no estoy tan ocupado con los videos y decido sentarme en la mecedora a sentir la madera fria y ver millones de pedacitos de cielo caer a raudales. Sentado en las sombras del piso 11 de esta locación urbana siento que tengo un tiempo libre, me lo tomo con calma e intento ver a traves de la cortina de gotas, los edificios del mirador que se ven opacos, ni pensar en lo que esté más alla que aunando el hecho de mi miopía se vuelven unas tantas veces mas borrosos, como si el mundo se desdibujace un rato, haciendome pensar en qué habrá mas alla, quien puede estar viendo a acá, o los truenos, o la lluvia en sí.

Son la 01:07 am y hace frío, tenue salpicar de las gotas en la calle, alla abajo hace una armonía de sonidos inimitable que me recuerda otro día, me hacía pensar en aquella chica de ojos almendrados y pensaba, viendo una película de Iñarratu, en besar su piel, en acariciar sus senos, pero a la distancia los deseos del hombre son solo eso, deseos, y quizas tambien un poco más, motivo y circunstancia, o en sí, el motivo que nos lleva a salir de la actual circunstancia o situación, como este piso 11. Desde acá veo en panorama, el cielo entero de Naguanagua, un pedazo de ciudad que gime, bajo el goteo, bajo la tempestad del trueno, destellos que ni suenan, pero se azoman al reojo mientras no miro a la ventana, eso, o quizas alguien anda disparando un flash en la calle y ni me doy cuenta.

La lluvia, me pone a pensar en otras gentes, porque si te tomas el tiempo, veras que la lluvia es apenas brevemente distinta, aqui y allá, cierto es que de miles de millones de cientos de gotas caen, y es eso, agua condensada y transparente que cae, millones de prismas buscando un rallo de luz y algunos jovenes corren para no mojarse, otros salen corriendo al encuentro de los mojados, les tienden el paraguas, se mojan, como la cortina que tambien se moja, cuando la ventana está abierta y aun así, tachonada de mil ojillos traslucidos que se toman un descanso en el descenso desde las alturas.

No teníamos mas remedio que cerrar todo, ajenarnos de aquel vendaval, sin ruido, yo no le temía al agua que no rugía, pero tambien entrecerre la ventan, dejando apenas un vestigio de aquel espacio, para que entrara la brisa, siempre con la esperanza de que me trajera otro recuerdo de aquella chica.