5/26/11

Proemio

Leyendo entre noches desvelado me encontre con esta sencilla idea, una bitacora más, inspirado en los cuadernos de Da Vinci, los diarios del Che Guevara, los relatos de mi padre y una que otra carta de Simón Bolivar o Cristobal Colón recordé aquella necesidad mía de describir lo que acontece, lo que me rodea, lo que veo en sí, y sobre todo, como me hace sentir. Me acuerdo entonces de motivos por los cuales quice empezar a viajar, mi padre siempre decía que el destino turístico era solo la punta del iceberg, por decirlo de algún modo, a él poco le interesaban esos sitios bonitos decorados por las instituciones y que saltan a la vista en mapas traducidos a cualquier idioma, yo aprendí de esos mapas, no interesado en ellos por su contenido si no en su diseño, aprendiendo de ese diseño (mi primera vocación), pero habia mucho de cierto en lo que mi padre decía, en aquel gusto suyo por lo que yo llamaba "casas muertas" que nada o poco tenía que ver con el libro de Miguel Otero Silva, si no que hablaba de esas casas pobres que se encuentran a los lados de los caminos de tierra o al final de senderos inexplorados por las últimas tecnologías, las casas de los campesinos, los verdaderos y genuinos pobladores de la tierra, el germen de tantos pueblos de la mayúscula América.

Quizas ahora, que realizo mis Estudios de la Identidad Latinoamericana y en busca de mi propia identidad política, ideología, en busca de una filosofía de vida que se equilibre entre mis multiples facetas y sus opiniones de como son o como deben ser las cosas.

Pero este es el preludio a otra cosa, o quizas el respaldo mismo de esa primera cosa, por lo que debo volcar el poder de mi entendimiento y su profunda voluntad a la de entender aquel sitio al que voy, pues siempre pienso que aquel suelo que piso es mi hogar y no un sitio cómodo en el que guardo mis pertenencias, mi residencia a menudo es para mí, meramente un deposito, sobretodo de conocimientos, mas que de algo material en particular, como una biblioteca que hace mas que almacenar libros, pues es el conocimiento en ellos lo que guarda realmente. Pero qué sería de un hombre que aspira sabiduría si no conoce ni entiende su hogar, o peor aun, sus raices; inspirado en este pensamiento concuerdo con las palabras de Guevara (1950) que cito:
Por lo menos no me nutro con las mismas formas que los turistas y me extraña ver en los mapas de propaganda de Jujuy, por ejemplo: el Altar de la Patria, la catedral donde se bendijo la enseña patria, la joya del púlpito y la milagrosa virgencita de Río Blanco y Pompeya... No, no se conoce así un pueblo, una forma y una interpretación de la vida, aquello es la lujosa cubierta, pero su alma está reflejada en los enfermos de los hospitales, los asilados en la comisaría o el peatón ansioso con quien se intima.
Y así organizando mi pensamiento en pos del entendimiento de cuanto esto quizo decir y cuanto pude entender de la complejidad del gusto de mi padre por conocer los pueblos de nuestra América pongo a mi voluntad en pos de plasmar en prosa aquellas vivencias de mis viajes, por pequeños que sean, por impontantes que pudiesen o no parecer, pues en los viajes los hombres expandimos nuestra visión del mundo, quizas por eso se le da a veces el nombre de esparcimiento, aunque mas que esparcir yo insistiría en la palabra cuyo antecedente desconozco asi que de momento me atribuyo, yo diría que se trata de experienciar, la vida, si, pero no al de uno, que uno siempre vive, si no la de otros y como puede ser distinta o parecida, pues en el definir los contrarios y aceptar los símiles uno termina por identificar aquello que no lograba entender en un principio.